martes, 1 de mayo de 2018

Tesoros


Lunes tendidos al sol entre nubes bajas,
viernes para liquidar la rabia y la sed… llego tarde a ambos, como casi siempre.
Dicen que el viento arrancó la espera en el penúltimo temporal de la temporada.
¿Quién se atreve a decir último?
En una noche de abril que ya es historia y se va como casi todos los abriles,
fugaz como una estrella, como un chispazo que prende la mecha entre la duda y la búsqueda,
como si nos lo hubieran robado a punta de navaja por una de esas calles torcidas del centro…

¿Quién se atreve a esperar sentado, a esperar demasiado incluso?
¿Para qué correr el riesgo innecesario de desesperar después?
¿O a seguir repartiendo esa inquietud entre el pronóstico de nuestras chicas del tiempo de cabecera si eso puede supeditar un plan de fuga?
¿Acaso puedo ser tu plan de fuga?
Demasiadas preguntas tal vez para estas horas,
para cualquiera…

Y en esas, en una casa vacía o en otra aún más fría se va o viene otro café mientras revolvemos cajones o los compartimentos de un escritorio “made in EGB”.
Y entre la caja de los Rotring sin tinta, unos cromos despegados de la 82-83, la foto firmada de “Perico” y un cómic de Mazinger nos vamos a dormir no sé si un poco más en paz con nosotros mismos, pero sí al menos con una pequeña sonrisa dibujada en los labios.
Como el que encuentra un tesoro, o unos cuantos de un plumazo.

Sinceramente no sé si todo empezó con una canción.
Pero a veces, algo tan sencillo en apariencia como una canción, es suficiente para dejar a un lado todo lo trascendente que nos arrincona y salvarnos el día.




miércoles, 28 de febrero de 2018

Corazonada



Va para un par de semanas que salió mi disco, o algo más ya.

Y no, no hubo bombo ni platillo, no más allá del que acompaña a la mayoría de las canciones.
No hubo tampoco ni una coma siquiera al respecto, ni por estos lares ni por otros que se suponen de obligado cumplimiento.
En realidad ellas son las protagonistas, y vuelvo a las canciones.
Como rezo en los créditos “la excusa y el motivo…” por eso hoy escribo esto y traigo una bajo el brazo, que por supuesto no es single, ni anticipo, ni una corazonada aunque sí parte de ella.  
Porque aquí no dicta nadie, ni obliga ni sugiere, ni pone ni quita, ni pincha ni corta más que el servidor de unas líneas en la más absoluta independencia sin mucha pinta de “indie”, sin miedo a la Rutina, malditas etiquetas...   
                                                
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez, pero no es la única razón por la que este disco ya es un éxito sin acomodarse en un expositor apenas quince días después de haber salido.
Tampoco necesito un enmarcado en dorado o platino, ni el feedback de cientos de ´likes´ en la red de turno por más que se agradezca y estimule, ni por supuesto sacar adelante la tirada para enjuagar esa inversión que facilite plantear otro trabajo sin la mirada perdida en un reloj o calendario que a la menor te pasa por encima.
De todos los plazos que me fui poniendo en el camino creo que no cumplí ninguno.
Pensar que lo iba a hacer con el último, por más que una fecha de obligado cumplimiento por registro lo marcara en rojo, era casi una utopía.

En cualquier caso hemos evitado la Navidad y San Valentín, incluso la cuesta de enero…
Nadie podrá decir que somos oportunistas y tampoco inoportunos con la puesta de largo.
Pasen y escuchen amigos, se puede oler, mirar y tocar también por otros lados, al menos para el que prefiera llegar un poco más lejos y guste de ejercitar varios sentidos.
Si les parece digno de ser compartido pueden hacerlo sin pudor, por supuesto, es la ´promo´ que a noche de hoy tenemos al alcance de la mano.
No es el mejor por ser el último, no lo siento así. El mejor supongo es el que está por llegar seguramente, pero este es cojonudo, y aunque me tenga muy pero que muy desgastado por dejarlo en un calificativo amable, voy a intentar cuidarlo de la mejor manera.
Igual no empiezo demasiado bien…




jueves, 9 de abril de 2015

Esto se acaba

Esto se acaba.
Parece mentira, pero es así, o eso creo al escribir estas líneas al menos.
Como dirían otros al tratar sobre los fichajes de turno, solo quedan unos flecos…
Pero sí, se acaba, ya me atrevo a decir que es la última fase de la obra, aunque no sea capaz de numerarla. Pero… ¿qué coño importan los números aquí?
Bueno, en este recorrido también tuvieron su importancia pero me aburre hacer cuentas.
Sobre todo a estas alturas. Sobre todo si quedaron pendientes.
Y alguna volvió a quedar, no nos engañemos.
Habrá que hacerlas después también para ver que envoltorio le ponemos a todo esto, pero esa es otra cuestión ya.

Lo importante es que esto se acaba.
Y que cuando así sea, me sentiré orgulloso más por el hecho que por el resultado incluso, aunque eso hay gente que jamás podrá llegar a entenderlo… pero da igual, brindaré por ello.
Y se acaba lo que tiene relación directa con lo importante, es decir, con las canciones.
Lo demás en definitiva es atrezo, y está muy bien, pero hablamos de música, creo.
Aunque acaba porque llega un momento que tienes que decir “basta”, simplemente.
De lo contrario seguiríamos dando vueltas a si todo lo que hemos dejado ahí tiene su justa medida o sobrepasa con creces lo necesario… por ejemplo.
Una grabación por etapas o fases conlleva unos riesgos que no se valoran en principio, que no se eligen si me apuras, y por supuesto que no aparecen cuando las fechas están marcadas a fuego en el calendario.

Pero se acaba, hay un once.
Y desde que lo hay más bien, es decir, desde que decidí que no quería jugar con 10 ni valía con 12 y que las que estaban en ese momento eran las que tenían que ser y ninguna más, ha pasado bastante tiempo, o esa es la sensación al menos.
Supongo que tiempo suficiente para alterar algunas cosas, para esperar otras, para perder a unos y recuperar a otros, rememorar alguna situación pasada, experimentar otras de la nueva vida, hacer bueno aquel máster en paciencia, hacerme un poco mayor también…
Algo habrá cambiado, desde luego, pero no sé si tanto como para que dar cobertura a una canción que ya respiraba hace casi diez años no tenga sentido.
Se admiten apuestas amigos, que viva la intemporalidad!
Hasta que no salgan buena parte de las que se quedaron sin corte en los discos que no hice en su momento natural, algo seguirá clavado, aunque esa es otra historia.

Dejando a un lado las miradas por el retrovisor, en realidad creo que todo empezó a forjarse entre aquellas Piedras. Para que negar que volví a tropezar en alguna de ellas también…
Después tuve alguna Corazonada, aposté casi a Doble o nada, me sentí Culpable otra vez, acabé instalándome en la Rutina, decidí buscar Tesoros también, pude ver el estrecho paso entre Ángeles y demonios, me perdí con Madelaine y las herencias invisibles, reparé Algo de mecánica y algún rasguño, volví a tirar Desmarques imposibles jugando casi siempre de espaldas al marco, intimé hasta el infinito con el Señor Dudas, y por último, dejé de pensar en zapatos rojos para hacerlo en Zapatitos, que es lo que toca.

Así que esto es en definitiva lo que se acaba.
Salgo del estudio con una media sonrisa.
La que me permiten esos hierros que se hacen hueco en la parte inferior de mi boca.
Miro al cielo, el viento me corta la cara, pero incluso en la comparativa se agradece.
Una luna en modo balón de reglamento llena toda la 110 de vuelta a casa.
Si no paro donde Marcial a tomar algo, llego a leer un cuento al nene.
Patsy Cline se ha subido en la segunda curva y me susurra al oído aunque no va a conseguir vencerme, pero mejor la dejo en el desvío hacia Valdeprados.

Esto se acaba, sí, pero tal vez solo acaba de empezar… otra vez.


viernes, 28 de noviembre de 2014

La sentencia


Bueno, pues aquí está la sentencia.
Lo primero mis disculpas por si alguien había imaginado mucho más con la previa. 
Simplemente se trata de otra canción, una de tantas que se podría llenar de imágenes para complementar, y que se encargarían de acercar o tal vez todo lo contrario al oyente de su trama. 
No estará en lo nuevo, no se sabe si tendrá hueco en algún once, pero de momento respira.
Este es el resultado de una tarde de verano en la que sobraba la chaqueta y faltaban manos como casi siempre, para facturar algo más digno.
Mi parte, es decir, tocar y cantar esto algo mejor, lo podría haber logrado a poco que hubiera gastado un par de tomas o tres más y rellenado el vaso de agua, pero tampoco tenía toda la tarde… El tiempo casi siempre es protagonista aunque sea indirecto, aunque mi parte sé que es todo en realidad, o la dependencia al menos.
Pero lo que se me va de las manos, dígase llevar la idea un poquito más lejos y hacer de esto un vídeo “de verdad”, con la posibilidad de no poner mi cara por medio incluso, o que la chica fuera de carne y hueso, o largarnos a rodar a los juzgados de San Agustín por ejemplo… ya no tanto.
Tal vez podría haber liado un crowdfunding de 3000 pavos para la ocasión, pero sinceramente no me veo llamando a las puertas y los muros de la gente para eso,  para recordar que nos quedan tantos o cuantos días… y menos aún en los tiempos que corren en los que muchos contamos los días para acabar el mes. Para eso hay que valer, yo estoy mucho más limitado.
Y escribo eso por todas las personas que me lo sugirieron y seguirán, con la mejor  intención, por supuesto. Tampoco estoy en contra de los proyectos de mecenazgo, ni mucho menos, aunque como leí el otro día en algún artículo o similar no deja de ser una manera tan elegante como sofisticada de sablear a todos tus amigos (ya sean reales o virtuales) y familiares varios para poder dar salida a determinadas inquietudes artísticas…
Comprometer en una palabra, por más que se prefiera hablar de anticipos y similares terminologías, y comprometer es palabra mayor desde luego, aunque lo que nos ocupa lo valga, o así lo creamos.
Si no lo intenté antes para sacar adelante otra entrega después de no recuperar la pasta que invertí tras romper la hucha con el anterior disco, menos aún, pero ahí ya podríamos empezar a debatir si se trata de una simple cuestión de principios o de prioridades.

Y sinceramente antes de eso, prefiero que suene la música, sin mucho más.





lunes, 10 de noviembre de 2014

Barrio


Había vuelto a decir que no, pero antes de hacer una memoria de todas las propuestas rechazadas en los últimos tiempos, la maquinaria del Señor Dudas ya estaba en marcha. Puerta abierta, cierto interés que no insistencia, respeto, cero imposiciones más allá de la horaria… y la posibilidad de sacudir alguna cuenta pendiente con carteles de los que nos sacaron por no querer comulgar con ruedas de molino en más de una edición.

Razones para no volver las había también, y de peso. Como telón de fondo el desafío, reto o más difícil todavía de un otoño diferente, enmascarado. No doble o nada, pero casi. Reconstruye una banda en poco más de un mes, engrásala, intenta que suene y ponte delante de las piedras tras más de tres años de ausencia local, grupal incluso, casi total diría. Algunas de ellas, inmóviles como siempre. Está claro que a unos cuantos les da lo mismo 3 que 30 que si no apareces, mejor no disimular con estúpidas frases cuando nos crucemos. Y otras de esas piedras amenazando con venirse encima al menor descuido… será el terreno.

Pero no, es la ciudad, aunque era el barrio también, el viejo Peñascal, y eso pesaba más que todas esas piedras y gentes que en realidad son una, y todas las contras con las que amenaza cuando menos lo esperas la rutina o el devenir. En esas, pesando los motivos, pensé por un momento que tal vez nunca estaría tan cerca de tocar en un campo de fútbol, o mejor dicho lo que queda de él, pero nunca se sabe. Hace un par de días leí en el Marca que al Calderón le han dado un año más de vida… 
Venga, ahora ya en serio.

Era la vista desde la terraza del salón, la vuelta cada tarde del colegio a casa con mi madre, noches de peña en San Frutos después, broncas y flirteos, paseos inolvidables bajo las farolas con mi perro… desde luego mucho más de media vida, así que por qué no iba a hacerlo y poner un poco de música en el fondo del “collage”… Bueno, hay otras cosas que también importan pero tienen que ver con los números y me cuesta mucho más tratar, aunque esta vez tampoco eran un problema insalvable.

Salió bien, podría haber sido mejor, sí claro, siempre, pero…  ¿qué vamos a pedir cantando a estas alturas? Veía el Peñascal desde un séptimo y ahora vivo en un primero, casi a ras de suelo, pero aún diviso el límite del barrio que marcan los focos del Municipal. Las vistas cambiaron un poco aunque no la orientación, pero aún volamos. 
Supongo que es lo único de esto que en realidad importa.


Fotos montaje archivo Copper, la tercera parte de Josechu Egido para Histéricas Grabaciones.